viernes, 5 de junio de 2020

La ventana está abierta, y la mosca se sigue comiendo el cristal.


En un sistema neoliberal, donde solo rigen las leyes del mercado, la condicion humana se ve muy condicionada a nuestro nivel adquisitivo. Eres persona en la medida que eres consumidor y productor. Si no produces, al menos has de consumir, si no produces ni consumes, te vuelves invisible. Y al mercado no le importa la gente invisible. 

En paises donde el capitalismo se aplica de forma feroz, se crea un bucle en torno a las rentas más bajas, del que es muy dificil salir, ya que el propio sistema exige unos niveles de endeudamiento para poder ascender, que las rentas bajas no pueden devolver. Como resultado, la gente pobre se ve atrapada en espirales de marginalidad. Una tormenta perfecta de bajos recursos y baja formación.

En los USA, tradicionalmente, los afroamericanos han estado relegados a esas rentas bajas, ya que partían de una situación prévia que les hizo comenzar este amoral juego de Monopoly con apenas dos centavos. A lo largo de su historia, y a medida que se iban logrando avances en los derechos civiles, este pais ha ido aplicando medidas y ayudas hacia colectivos tradicionalmente desfavorecidos, en un claro intento de lavar la mala conciencia de toda una nación.

Pero una cosa son las políticas de estado, y otra la realidad económica, del mercado. Los poderosos intereses privados, a los que se les llena la boca hablando de libre mercado, lo que quieren sencillamente es al estado fuera de sus negocios, ninguna regulación, ninguna imposición, y así, las grandes megadepredadoras se pueden zampar sin contemplaciones a las pequeñas que cada vez tienen menos posibilidades en un sistema más y más controlado por las primeras, que son quienes deciden sobre salarios y sobre precios, sobre, en definitiva, la calidad de vida. Eso es un oligopolio, un sistema donde un reducido grupo de empresas lo decide todo, con la connivencia de estados (y el estado somos los ciudadanos, ojo) cada vez más reducidos al papel de fiadores y pagadores por si algo sale mal..

Esto favorece que vivamos en una realidad donde se refuerza el individualismo como una manera solapada de potenciar algo más profundo, más atávico, el sentimiento de clan. Mirar por lo tuyo y lo de los tuyos, que tradicionalmente se ha considerado una buena práctica, sana y necesaria, basicamente, para la supervivencia en un entorno hostil, pero que a lo largo de la historia siempre ha dinamitado todos los intentos de crear sociedades abiertas, justas y plurales, favoreciendo en cambio la perpetuación de sistemas verticales, piramidales, clasistas, estratificados, donde el grupo en el que nazcas va a determinar tu enfoque.

Existe en los USA una gran cantidad de gente relegada a las rentas bajas, a una educación muy deficiente y a la marginalidad, y entre esa  gente hay mucha que no pertenece a ninguno de los colectivos tradicionalmente oprimidos. Solo son blancos caucásicos pobres, que no logran salir de trabajos precarios, y culpan a las otras étnias de estar llevándose las ayudas y atenciones del sistema federal ¿os suena? porque aquí tenemos a unos pollos parecidos, con bandera y todo. (ya sabeis, la del pollo)

Esta gente, que no es poca, y que acumulan mucha rabia y armas, son los que han puesto en el gobierno a un presidente que creen que les comprende, que jamás se ha visto en sus situación de miseria porque nació rico, y que solo comparte con ellos un casposo tufo reaccionario, xenófobo, ultranacionalista e imperialista, que quiere hacer "america grande otra vez" Pero, ojo, sería un error coger unicamente a esta gente y convertirles de forma torticera en "los malos" de esta película, porque son , sencillamente, gente puteada, tan puteada como el resto de la marginalidad estadounidense, y al igual que marginales afroamericanos o latinos, constituyen un autentico muestrario de guerrillas de barrio. De barrio humilde, por supuesto. 

Toda esa marginalidad exhibe la forma más pura, más primaria, de sentimiento de clan. Defienden sus casas, sus colores, y sus bandas, con particular vehemencia y uso de la violencia, sin miramientos, sin nada que perder. Son la otra cara del American Way of Life. Lo que te encuentras en la trastienda del deslumbrante centro comercial. Tranquilos, nada hará que esto detenga el negocio. De hecho, para el negocio es muy bueno que las distintas identidades se sientan amenazadas, así podrá venderles espacios seguros y paquetes de autoafirmación, con tal de que sigan enzarzadas entre ellas y no molesten a los mayores, que están trabajando. ¿O es que alguien ha visto que el mercado tiemble porque haya un Dia del Orgullo? No, lo integra en su sistema, y sigue adelante. Si durante un tiempo les convino la segregación, ahora les conviene la discriminación positiva y comentarle al currito de clase trabajadora que revise sus privilegios. Lo que haga falta para que todo se mantenga por debajo de la línea de seguridad. SU línea de seguridad.


El mercado lo único que quiere es estabilidad, y que todo cambie lo justo para que todo siga igual, y solo necesita ser capaz de gestionar la frustración de unos o de otros. Las protestas, los ataques, los disturbios, siempre son de grupos y colectivos de ambos lados del espectro, de individuos, en definitiva. Individuos que no deben dejar de producir o consumir, porque entonces SI se vuelven un problema.

Una de las salidas a la pobreza y la marginalidad en los barrios conflictivos estadounidenses suele ser hacerse agente de policía. Nos puede parecer que no les va mal, con sus bonitos uniformes y sus elegantes coches patrulla, pero el sueldo de un policía promedio, en un pais rendido al capital, donde la sanidad pública es un desastre mayor que aquí, y la privada es carísima, no le suele dar para un buen seguro médico, aparte del que les proporciona el cuerpo. Muchos, sencillamente, no se pueden permitir ser heridos en acciones, y ante la duda prefieren que sea el otro el que vaya al hospital. Esto crea un clima de paranoia, de policias de gatillo facil, que apuntan a la cabeza ante la más mínima señal de amenaza. No son todos los casos, pero hay bastantes, y suelen adornar las noticias de medio planeta.

Analizando lo que ha pasado en los últimos dias, y la cascada de reacciones, declaraciones, muchas de ellas hechas en caliente, una persona que no se quiera dejar arrastrar por esta tormenta perfecta de paranoia, se da cuenta de que el verdadero problema, la causa de todo, es el sistema en sí, que permite que existan estos bucles sin fin. Se denuncia que existe un racismo sistémico, pero ese racismo está en los individuos, no en un sistema neoliberal al que el color de tu piel se la pela, la realidad es más profunda que eso. Vivimos en un clasismo sistémico, sostenido por una estructura de poder vertical regida por el egoismo y las ánsias de control de los recursos,  y a los de las rentas bajas siempre les va a tocar pagar el pato. Para protegerse de las iras de los puteados, el sistema deja que estos se ataquen entre ellos, echandose mutuamente la culpa del mal. Al final, lo que subyace debajo de todo esto es, una vez más el sentimiento de clan, y a un nivel más atávico, más subconsciente, el MIEDO.

El miedo animal es la base de la mayor parte de nuestros comportamientos instintivos, y sigue rigiendo nuestras vidas a un nivel subconsciente. El miedo ayuda construir las estructuras de clan, donde la forma más básica de organización es la intimidación directa, y se impone la ley del más fuerte. A lo largo de la historia hemos visto refinamientos y  variaciones de esta misma estructura, y al final, siempre es lo mismo.  No sé si algun dia el ser humano se liberará de sus instintos animales, o por lo menos, del miedo y sus iteraciones, porque en ello nos va poder dar o no el siguiente paso en el progreso de la especie. En ello nos va el futuro.

Pero por ahora, parece que no damos para más. Seguimos siendo la mosca que se estampa contra el cristal, teniendo la ventana abierta.

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