martes, 23 de julio de 2019

Los Emos del ayer...

...son los Justicieros Sociales del hoy. Tal es la evolución de una forma de sentir , que no pensar, porque pensar requiere una reflexión, y la reflexión no tiene lugar en un ámbito puramente emocional. Lo intensito deriva facilmente al postureo. Y el postureo llevado a las causas sociales es lo que las ha destruido desde dentro. Aunque mucha de esta gente no lo quiera ver así, lo que hay debajo de todo este sedimento es un poso de pensamiento neoliberal, indivuidualista a saco, la exigencia al estado de "que hay de lo mío?" y en suma, pedir cuentas a los demás. Una postura muy cómoda por cuanto carece de autocrítica. El sistema es clasista, egoista e  injusto, ha llegado al extremo de culpabilizar al ciudadano de "vivir por encima de sus posibilidades" ante crisis provocadas por la banca y las grandes fortunas,  (una postura absolutamente neoliberal, socializxar las pérdidas pero privatizar las ganancias)  y debe ser cambiado.. Pero si lo intentamos hacer desde esa postura, o más bien ese postureo, solo logramos dos resultados:

A-que no cambiamos nada, y el sistema sigue funcionando igual, o sea MAL

B-Que el clima social se va crispando a medida que el postureo y la demagogia se adueña del debate, con lo que el ejercicio de la política se vuelve aún más acomodaticio, inoperante y limitado a elevar el volumen, lo que vuelve irresolubles muchos problemas y crea otros nuevos, ya sean sociales, identitarios o territoriales, hinchados de forma artificial y convertidos en choques de trenes. DOBLEMENTE MAL


Menos intensitos y menos postureo, por favor. El victimismo no es un argumento válido para los que nos roban, y tampoco puede serlo para nosotros.

viernes, 19 de julio de 2019

Banderas blancas en la Luna


Hace poco más de dos dias, fué el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna, o, para ser inclusivos con los magufos de turno, de la superproducción más cara de Hollywood, la NASA y los reptilianos venidos de Raticulín.

 Aunque nací poco despues de las últimas misiones Apollo, en los informativos y programas de TV de los 70 solían aparecer mucho las imágenes de los distintos alunizajes, con el Rover lunar y todo, que empezaron a capturar de muy pequeño mi imaginación hacia el espacio y sus maravillas y misterios. Sé que la carrera espacial tuvo entonces una motivación militar y política, y que hoy dia sobre todo puede tener una motivación comercial, económica, por el control de los posibles recursos que se encuentren en la Luna, en Marte y en otros objetivos repartidos por el vasto, inmenso Sistema Solar.

Pero hay un detalle que me encanta, por lo evocador y poético. Todas las banderas plantadas en la Luna por las distintas misiones, que en aquellos años 70 lucían unas brillantes barras y estrellas (aunque las viéramos en una tele en B/N) Hoy dia , por la acción de los rayos ultravioletas, están totalmente descoloridas, blancas. Sin distintivo alguno.

Así que en este aniversario, dos cosas han ocurrido que me han parecido ciertamente poéticas. Una, que se produjera un eclipse lunar, y la tierra proyectara su sombra sobre la luna en el aniversario del dia que dejamos huella en ella, y que de esa huella, del rastro de aquella enloquecida carrera política, económica y militar entre superpotencias poco o nada interesadas en compartir este mundo,  hayan quedado un puñado de banderas blancas. Qué le voy a hacer, cuando me pongo, puedo ser muy cursi.

Pero cursilerías aparte, conviene tener en cuenta esto tambien: las actuales superpotencias son las grandes multinacionales y holdings privados, que tampoco tienen ningun interés en compartir este u otros mundos. Si la exploración espacial se encamina por esas vias estaremos llevando nuestra codicia y nuestro egoismo al espacio. nada que no nos haya adelantado la ciencia-ficción más distópica, pero me gustaría pensar que podemos hacerlo mejor que eso.

lunes, 8 de julio de 2019

¿Tan vacíos estamos?

¿Tan vacías resultan nuestras existencias a nivel emocional para que nos pasemos la vida comparandonos con los demás? Yo lo comento porque hay como una sensación general, que no admitimos más que con la boca pequeña, de que los éxitos de los demás son una losa para uno mismo.

Puede que tenga que ver con la fijación por competir que tenemos impuesta, primero por la naturaleza, y luego, por la propia sociedad, que en sí solo es un reflejo de todo el equipaje que arrastramos de eras anteriores a la civilización, por mucho que nos joda verlo de esta manera.

Esta competitividad procedente de los instintos de supervivencia y canalizada hoy dia a través de comportamientos más "civilizados" nos condiciona a ver a todo el mundo de forma subconsciente como un rival, un depredador o una presa.  Súmale  a esto los rápidos cambios produicidos en nuestras molleras a medida que estas han ido creciendo para dar espacio a cerebros más complejos y desarrollados, que han llenado nuestra psique de laberintos y de dudas sobre nosotros mismos y nuestro entorno.

Es algo que deberíamos haceros mirar si actualmente nuestro objetivo es establecer sociedades plurales y justas. Son deberes de hace miles de años, los mismos que llevamos repitiendo curso.