miércoles, 3 de abril de 2019

Uno contra todos y todos contra uno

Este año, entre otras cosas, se cumplen 40 de algunas de las influencias más potentes en mi infancia. Una fué ALIEN, de la que ya he hablado en otras ocasiones, con todo lo raro que suena que una de mis influencias de infancia fuera una película así, pero el comic oficial editado aquí por Bruguera cayó en mis manos muchos años antes de que tuviera edad para ver la película, y me aterrorizó igual.

Otra de las obras que nacieron aquel año 1979 fué uno de los comics que más me han marcado. Los primeros álbumes de Superlopez (hasta entonces sus historietas habían sido de una página a lo sumo) donde se hacía una especie de historia de origen del personaje y se le presentaba ante una primera tanda de supervillanos que han quedado como auténticos clásicos: Luz Luminosa, el supercalvo que se enfocaba una linterna a la coronilla y cegaba a Superlopez, Chiclón, el Super robot hecho de chicle (hasta la última tuerca), el Gladiador Galáctico y su brazo cibernético transformable hasta en lavabo para arrearle con él en la cabeza (yo creo que Zack Snyder se leyó este tebeo) La Bruja Morgana y su guerra contra la burbuja inmobiliaria, la Increible Maza y su guerra contra el tabaco o la Pesadilla Atómica, y su guerra contra la vida, amén de presentar a los compañeros de oficina de López, su interés romántico (a ratos) la ególatra e insoprtable Luisa Lanas, o el arrastrado de Jaime González, auténtico prototipo del lameculos, además de su jefe, un personaje algo más gris, que ya había sido esbozado en las antiguas historietas cortas, y que fué desarrollado con los años. Esas primeras aventuras eran toda una parodia del género  realizada por Francisco Perez Navarro (Efepé) gran conocedor del medio, y resultan deliciosas sus referencias frikis y la carga de ironía tan cabrona que se traen.

Este primer album de aventuras superheróicas fué un gran comienzo para la nueva etapa del personaje, y ese mismo año llegó el siguiente , en la misma línea, con Superlopez uniéndose a un puñado de desgracias humanas con superpoderes como él. Un entrañable grupo de Super Losers llamado, sin más, El Supergrupo. Con esta formación Efepé y Jan tiraron dos álbumes seguidos, que junto a Aventuras de Superlopez, forman la trilogía realizada en tándem por ellos dos. A partir del siguiente álbum, Los Alienígenas, Jan emprende la aventura en solitario y firma una época gloriosa del personaje, aunque progresivamente alejándose de la parodia del género de superhéroes, y yéndose a temas más variados, todos resueltos de manera descacharrante. Ya he hablado en otra ocasión de lo mucho que me gusta de siempre el estilo de Jan, su depurada técnica, la plasticidad de sus personajes, ese rollo cartoon tan bien realizado, y su dominio de la narrativa, jugando con escenarios, perspectivas y posición de las viñetas. Y a nivel de guionista, la fina ironía compartida con efepé, y los maravillosos diálogos plagados de puyas, dobles sentidos y juegos de palabras.  Es todo un referente para mí, que, junto con Ibañez o Peyo, marcó desde pequeño mi manera de dibujar. En esa época el manganime solo nos llegaba en un puñado de series, como Mazinger o Comando G, y no se publicaba aquí en papel, por tanto su influencia era escasa, y en cambio los kioscos bullían de comic europeo, nacional y los superheroes publicados por Vértice y después por Bruguera. Esa fué una ciorcunstancia que animó a la editorial a apostar a lo grande por Superlopez, aunque la temática superheróica solo duró esos primeros 3 álbumes.

Y por eso me quiero centrar en ellos, porque supusieron un episodio que luego no tuvo continuidad, y e inaguró a su vez una época brillante del personaje.  Sin duda fué un momento muy dulce para Superlopez, porque estaba siendo un momento muy dulce para el sector. No es raro que muchos aficionados a los comics de mi quinta sintamos una gran nostalgia por esa época, porque en esos años te podías creer que en este pais se podía hacer comic comercial, como para vivir de ello, y hasta exportarlos a otros paises europeos.  Y podían ser comics para todos los públicos, que no se adscribieran a un sector de edad concreto, al estilo de la escuela francobelga. Hoy dia sabemos que todo eso ha acabado cambiando dramáticamente, y que de hecho, ni siquiera entonces todo era lo que parecía, pasa que en esos años había una inversión en cultura por conveniencias del momento, que a posteriori cambió de prioridades, y se pasó a invertir en turismo y en ladrillo.

Tanto Aventuras de Superlopez, como los dos álbumes del Supergrupo son por tanto, testimonios de un momento feliz, que tuvo mucho que ver con mi posterior vocación por hacerme autor de cómic. La excusa de la parodia superheróica sirvió para construir un arco argumental maravilloso, con situaciones y gags que mezclaban ya entonces lo costumbrista con la aventura, ciertas dosis de acción y grandes chorros de comedia al estilo Bruguera de siempre, pero con un twist que colocaba a sus personajes en la actualidad de entonces. Y es que era la época del relevo en la editorial, del Benito Boniato de los Fresno´s, del Segis y Olivio de Rovira, del Anibal de Rojas, Atasco Star de Alfonso López, o el Mini Rey de March. Faltaban unos pocos años para que se incorporaran algunos nombres más a esta última generación que tuvo que comerse la quiebra de Bruguera, como Miguel Francisco, Jordi Domenech o Ramis, y en ese punto, todo sonaba a continuidad.

Ese muestrario de superheroes de pacotilla y supervillanos que se hacían querer ha quedado para siempre en nuestro subconsciente colectivo. Este Supergrupo, este quiero y no puedo de Los Vengadores o la Liga de la Justicia, que se pasa más tiempo peleandose entre ellos por cualquier chorrada que haciendo algo heróico, o cuanto menos útil. Ese Superbanco donde los supers van a guardar sus dineros, a pedir un crédito o a cobrar la pensión, ofreciendonos todo un muestrario de personajillos en mallas, que van del claro homenaje al viejillo con capa y boina, mas un par de atracadores despistados que vienen una y otra vez a cobrar, pero como unas esteras. Ese personaje misterioso, ese villano sin nombre, de negra faz sin rasgos, y a la vez tan expresiva, siempre mascando un enorme puro, y embutido en esa armadura de puro diseño Jan, que dibujé mil veces de crío, aprendiendomela al dedillo. Y es que esa forma que tiene Jan de dibujar tecnología daría para un capítulo aparte. De crio me fascinaban las instalaciones secretas que aparecían en El Señor de los Chupetes, la nave de los Alienígenas, o la base de este villano, donde prepara la gran amenaza contra nuestros (anti) heroes: Un robot gigante que es una fusión grotesca y graciosima de todos ellos.
Como ya dije en otra ocasión, para mí, poder dibujar al Supergrupo en un par de ocasiones ha sido un sueño de infancia cumplido. me quedó la espinita de haber hecho algo con los supervillanos del primer álbum o con el propio Superlopez, pero por mi cuenta, tengo el propósito de preparar una serie de ilustraciones que seguramente os gustarán a todos los que os lo habeis pasado pipa con estos personajes. Ya iré soltando más información.

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